Una carta sin remitente. Un sobre antiguo.
El papel, frío. La tinta, oscura.
La firma… desconocida.

En su interior, una invitación a una exposición clausurada hace más de un siglo.
La última exposición de Leandro Mourier.
Su nombre apenas aparece en los registros.

La gente se niega a hablar de ello, y los pocos que lo mencionan lo hacen entre susurros, como si pronunciarlo demasiado alto pudiera despertar algo.
Se cuentan historias sobre él… rumores de obsesión, de piezas que nunca llegaron a exhibirse.

No sabes cómo esta carta ha llegado hasta ti ni quién ha recomendado tu nombre.
Solo sabes que, de algún modo, te han elegido.
Como tasador de obras de arte, se te convoca a valorar esta colección antes de una posible venta privada.

Las puertas están a punto de abrirse y, esta vez, el arte no se limitará a ser observado.